3.7 LA EUTANASIA Y EL SENTIDO DE LA VIDA
89 | ¿TIENE SENTIDO UNA VIDA MARCADA POR EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO?
En la historia del pensamiento y la cultura podemos encontrar una gran variedad de respuestas a la pregunta por el sentido de la vida. Sin embargo, esas respuestas podrían dividirse en dos grandes conjuntos: hay quienes vinculan el sentido de la vida con la naturaleza espiritual de la persona, y entienden que sólo puede hallarse en esa dimensión, de racionalidad y libertad, por la que el hombre puede trascenderse a sí mismo; y hay, también, teorías y teóricos que encierran la vida humana en el ámbito puramente material, y niegan, con ello, que exista esa dimensión espiritual y trascendente.
Hoy vivimos en una sociedad dominada por el materialismo, y éste tiene dos consecuencias muy relevantes en el modo en que se entiende el sentido de la vida y, con él, el sentido del dolor y el sufrimiento. En primer lugar, si no somos más que materia, entes biológicos más o menos complejos, pero en los que nada excede a esa biología, entonces resulta que el único bien es el placer y el único mal el dolor. En segundo término, si no hay bien inteligible o espiritual, entonces el bien humano no puede ser común: cada uno se tiene a sí mismo y nada más. De aquí resulta que el único sentido posible de la vida humana es el esfuerzo individual por maximizar el placer y evitar el dolor. Éste es el núcleo de la moral utilitarista —hoy dominante— y, por supuesto, en tales claves no tiene ningún sentido soportar un dolor, propio o ajeno, que no está asociado a una promesa de placer futuro o, al menos, que no tiene alguna fecha de caducidad. Consecuentemente, una vida marcada por un dolor insuperable, y más aún si se halla en un momento terminal, aparece como una vida carente de todo sentido, a la que es mejor ponerle fin discretamente, no sólo para que cese el sufrimiento del individuo que padece, sino también para evitarle al entorno, a la familia y a la misma sociedad, la triste y pesada carga de esa agonía.
Felipe Widow
Doctor en Filosofía y Derecho
Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor asociado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la que se desempeña como profesor e investigador en Filosofía del Derecho y Doctrina Social de la Iglesia.
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“El valor y sentido de una vida no se identifica con el bienestar material que conlleve.
Somos racionales y libres: ello nos exige reconocer que la vida personal es, en sí misma, un bien muy superior al bien material o sensible. Hemos sido hechos para la amistad, la justicia, la sabiduría, el don de sí. Esto es un hecho indesmentible que no puede ser transformado por ninguna autonomía individual, ni tampoco por la dificultad de una vida, a pesar de todo el dolor y el sufrimiento que lleve encima. Decirle a alguien que es mejor la muerte antes que soportar su dolor, es confirmar el supuesto de que es posible despojar a una vida de todo sentido”.
Pero la persona es algo más que un trozo de materia complejamente organizada, y el bien humano es más alto que el mero placer y no es el dolor el mayor de los males. Por ello, el valor y sentido de una vida no se identifica con el bienestar material que conlleve. Somos racionales y libres: capaces de conocer la naturaleza y elevarnos a Dios mediante la inteligencia, podemos querer el bien de otro y descubrir el amor de amistad, y todo ello nos exige reconocer que la vida personal es, en sí misma, un bien muy superior al bien material o sensible. Hemos sido hechos para la amistad, la justicia, la sabiduría, el don de sí. Esto es un hecho indesmentible que no puede ser transformado por ninguna autonomía individual, ni tampoco por la dificultad de una vida, a pesar de todo el dolor y el sufrimiento que lleve encima.
Al contrario, ese mismo dolor es el que permite, muchas veces, que se exprese de un modo incomparable el valor de la vida personal: es que ya no hay utilidad que confunda, y así el don, el cuidado, la amorosa atención al que sufre, la paciencia de éste, la amistad desinteresada que une a los que están en medio del dolor, revelan que aquí hay algo más. Es que hay mucho más: hay una vida personal, que es el mayor bien que encontramos en la naturaleza, llena de dignidad y sentido aún en las más terribles circunstancias. ¿Es que no eran dignas, acaso, ni tenían sentido y valor las vidas de los prisioneros de Auschwitz? Decirle a alguien que es mejor la muerte antes que soportar su dolor, es confirmar el supuesto de que es posible despojar a una vida de todo sentido.
