4.1 AUTONOMÍA, LIBERTAD, COMPASIÓN Y MORALIDAD

113 | ¿SON LA EUTANASIA O EL ABORTO UN ACTO MALO? ¿SIEMPRE?

Para responder esta pregunta, es necesario partir por algo tan elemental como definir el alcance de los nombres eutanasia y aborto (una de las más graves dificultades de las discusiones morales contemporáneas es la superficial ambigüedad con que se emplea el lenguaje, especialmente en el debate público). Y lo primero que hay que hacer es advertir que estos nombres no se refieren, simplemente, a la descripción de un resultado: el aborto no solamente es una acción de la que resulta la muerte de un niño no nacido, ni la eutanasia es meramente aquella de la que resulta la muerte de un enfermo o un anciano. Hay acciones que pueden tener este resultado y que no son, en sentido estricto, ni aborto ni eutanasia (como se verá, por ejemplo, cuando en este mismo libro se aborde la cuestión del principio de doble efecto).
¿Y cuál es, entonces, ese sentido estricto del aborto y la eutanasia? Como se dice en otra pregunta, los elementos que deben considerarse al determinar la rectitud moral de un acto humano son tres: la intención (el fin buscado en la acción), el objeto moral (la acción elegida) y las circunstancias. Pues bien, lo que los nombres aborto y eutanasia significan, cuando se los usa con precisión, son dos objetos morales, es decir, dos acciones elegidas según que por sí mismas se orientan a la realización de un determinado efecto. Lo que hay que mirar, entonces, es si estos objetos morales son coherentes con el bien humano integral que, como se ha dicho, es la medida última de la rectitud o malicia de un acto humano.

El aborto, como objeto moral, es aquella acción que se elige porque es eficaz para producir la muerte del niño no nacido. Y la eutanasia, como objeto moral es la acción que se elige por su eficacia para producir la muerte del enfermo o anciano que sufre. Podemos rodear estas acciones de circunstancias conmovedoras (¿puede alguien dudar de los dramas humanos que siempre acompañan un aborto o una eutanasia?) y motivarlas con fines llenos de humanidad (nadie negaría la bondad de la intención de aliviar el dolor ajeno), pero la pregunta relevante siempre será otra: ¿es lícito elegir una acción que por sí misma se dirige a producir la muerte de un inocente? 

Felipe Widow
Doctor en Filosofía y Derecho

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Doctor en Derecho por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesor asociado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la que se desempeña como profesor e investigador en Filosofía del Derecho y Doctrina Social de la Iglesia.

Preguntas relacionadas

“La prohibición absoluta del
aborto o la eutanasia es una
exigencia ineludible de la
afirmación de la igual dignidad
de toda vida personal. Siempre
es malo elegir matar al inocente.
Si alguna vez lo justificamos, si
la persona no tiene valor por sí,
¿por qué habría de tenerlo su
bienestar o su autonomía?”.

Si respondemos afirmativamente, concedemos que la dignidad de la persona es un valor transable, sujeto a un cálculo que permite medir qué vidas valen la pena y cuáles no, y que hay especies de homicidio que se justifican con buenas intenciones y circunstancias dramática.

Pero entonces admitimos que el fin justifica los medios y, con ello, negamos que el bien humano integral es la medida última de la rectitud moral.
En otras palabras, la prohibición absoluta del aborto o la eutanasia (como objetos morales) es una exigencia ineludible de la afirmación de la igual dignidad de toda vida personal.

Siempre es malo elegir matar al inocente. Si alguna vez lo justificamos, es que hemos puesto el bienestar, la ausencia de dolor, la autonomía individual, o lo que sea, como un bien mayor que la propia persona. Pero si la persona no tiene valor por sí, ¿por qué habría de tenerlo su bienestar o su autonomía?

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