4.1 AUTONOMÍA, LIBERTAD, COMPASIÓN Y MORALIDAD

112 | ¿SON LA EUTANASIA O EL ABORTO UN ACTO DE COMPASIÓN?

La literatura sobre la compasión es copiosísima y muy variada. Encontramos ya un testimonio de reflexión filosófica acerca de la compasión en la Retórica de Aristóteles, en la Suma de Teología de Tomás de Aquino, y, ya más cercanos a nosotros en el tiempo, en los trabajos de Martha C. Nussbaum y André ComteSponville, por citar algunos de los más conocidos.


Las definiciones incluso pueden ser contradictorias, aunque para nuestros fines es suficiente con referirnos a lo que ellas puedan tener en común. El rasgo que la mayoría de los autores comparte es que la compasión es un sentimiento que nace al percibir el mal ajeno. No cualquier mal produce ese sentimiento, y sobre esto comienzan las divergencias entre los estudiosos. Incluso considerar a la compasión como una virtud es un asunto que también tiene sus dificultades. A modo de ejemplo, señalemos que para Aristóteles la compasión se justifica cuando el mal por el cual nos compadecemos es “grave y penoso”, en “quien no lo merece”, y nos causa temor si podemos “esperar padecerlo uno mismo o alguno de nuestros allegados”. Ciertamente, esos males “graves y penosos” son, según Aristóteles, “las muertes y ultrajes corporales, los malos tratos, la vejez, las enfermedades y la falta de alimento”. Aunque también merecen compasión “el ser arrancado de los amigos y compañeros, la fealdad (sic), la debilidad y la mutilación.”


Las discusiones en torno a estos motivos de compasión llegan hasta el día de hoy. Lo que parece estar fuera de dudas es que por sí sola, la compasión no es una virtud.
Ella, como cualquier otro sentimiento, debe estar ajustada por la razón para poder ser considerada una virtud. Esto no significa
cultivar una indiferencia frente al mal ajeno. Transformar a la compasión en una virtud es particularmente dificultoso para el personal encargado de la salud ya se trate de médicos o auxiliares, ya se trate de la salud física o psicológica, pues una compasión librada a su suerte directamente impediría el ejercicio de la profesión.  

Jorge Martínez
Doctor en Filosofía

Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Actualmente es Profesor en la Universidad Católica San Pablo, de Arequipa (Perú), Profesor en la Universidad Gabriela Mistral (Chile) y Profesor pro tempore del programa Master online on Interreligious Dialogue, impartido por la Facultad de Teología de Lugano (Suiza).

Preguntas relacionadas

”La eutanasia o el aborto
practicados por compasión se
asemejan más a una ejecución
que a un cuidado, a una
reacción instintiva o pasional
antes que racional”.

Se requiere pues, el ejercicio de una compasión prudencial. Ésta podría definirse como un término medio entre la indiferencia y el desconsuelo paralizante. Sostener esto equivale a introducir una consideración racional en el sentimiento de compasión para moldearlo en el camino de la verdadera virtud. Esta consideración de la razón nos permite ver que invocar la compasión para justificar un acto de eutanasia (o un aborto), remite a una compasión en estado puro, sin el ‘filtro’ prudencial.
De este modo, tanto la eutanasia o el aborto practicados por compasión se asemejan más a una ejecución que a un cuidado, a una reacción instintiva o pasional antes que racional. Incluso podríamos entender esos actos como una auténtica crueldad. Y en lo relativo al personal sanitario, debemos recordar que la relación médico-paciente se organiza en torno de un objetivo: el médico —en tanto tal— obra por el beneficio del enfermo, y el beneficio que necesita el enfermo es la salud, no la muerte. Este fin innegociable, que es nada menos que el fin de la medicina, se vuelve más problemático en la enfermedad terminal, pero aun así nada justifica su derogación por una compasión mal entendida.

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