3.3 ASPECTOS GENERALES SOBRE LA EUTANASIA 

79 | ¿QUÉ ROL CUMPLE LA RELIGIÓN, LA FILOSOFÍA O LA ÉTICA EN EL TEMA DE LA EUTANASIA?

Vida humana  |  Persona  |  Filosofía

La eutanasia es, en primer lugar, un problema ético. De hecho, su aspecto más esencial y objetivo es bastante sencillo, precisamente porque toca el mismo centro del problema moral: ¿es posible justificar un acto en principio indeseable (como el matar a alguien) en virtud de sus efectos, la intención subjetiva de quienes participan en él o las circunstancias concretas en las que se realiza? Buena parte de este libro apunta precisamente a justificar una respuesta negativa: provocar directamente la muerte de alguien es un acto intrínsecamente malo y ninguna circunstancia o intención puede cambiar esto. Se trata de una conclusión rigurosamente moral.

El problema real de la persona sufriente, sin embargo, es a todas luces más complejo. Esto no significa que haya que relativizar el principio, pero sí que es necesario hacerse cargo del drama de la muerte, haciendo posible y razonable un curso de acción que respete la dignidad del enfermo y de su familia. En este sentido, el aporte de la filosofía y de la religión es esencial. Aquel que ve a quien ama padecer un dolor intolerable y sin sentido, no se abstendrá de desear su muerte en virtud de una mera prohibición. La misma ética prohíbe el mal solamente en razón de un cierto bien al que este se opone. La solución al problema de la eutanasia, por lo tanto, no puede reducirse a comprender la maldad del matar, sino que radica en una comprensión profunda de la bondad del vivir, que es precisamente aquello que exige, a su vez, una cierta dignidad en el morir. Sócrates, durante la larga reclusión anterior a su condena a muerte, pudo afirmar que la filosofía es una preparación para la muerte; no porque morir sea bueno, sino porque el modo en que se padece un mal es siempre un reflejo de los bienes que se aman, y estos bienes son objeto de la filosofía: la profunda verdad del amor de los amigos, que son capaces de com-padecerse en mi sufrimiento físico (es decir, sufrirlo conmigo), revelando, asimismo, la fragilidad de nuestra condición humana y la grandeza de nuestro destino.

La fe religiosa, por su parte, es capaz de elevar ese sufrimiento a un horizonte de trascendencia, permitiendo incluso asociarlo al sufrimiento de un Dios que ha asumido esa miseria humana, colaborando así en la obra de la redención de muchos.

Si la ética resuelve el problema negativo de la prohibición del homicidio, la reflexión filosófica y la fe son capaces de superar, hasta hacerlo superfluo, el precepto negativo y manifestar, en medio del dolor, la asombrosa dignidad del destino del hombre.

“La solución al problema de la eutanasia no puede reducirse a comprender la maldad del matar, sino que radica en una comprensión profunda de la bondad del vivir, que es precisamente aquello que exige, a su vez, una cierta dignidad en el morir. Si la ética resuelve el problema negativo de la prohibición del homicidio, la reflexión filosófica y la fe son capaces de superar, hasta hacerlo superfluo, el precepto negativo y manifestar, en medio del dolor, la asombrosa dignidad del destino del hombre”.

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