3.8 PROPORCIONALIDAD TERAPÉUTICA

95 | ¿QUÉ ES EL ENCARNIZAMIENTO TERAPÉUTICO?

El encarnizamiento terapéutico —también llamado ensañamiento u obstinación terapéutica— es la implementación de intervenciones médicas que no ofrecen un beneficio real al paciente (en términos de preservar la salud y la vida) y que, además, le causan sufrimientos innecesarios. Se trata de conductas reñidas con la ética, pues no respetan el deber médico fundamental de no dañar (“lo primero, no dañar”). En situaciones como esa, la conducta éticamente correcta sería suspender, retirar o abstenerse de implementar aquellas intervenciones, sin abandonar por ello al paciente (deber de no-abandono)178.

Hipócrates planteó que la primera obligación de un médico es no dañar. Este deber fundamental de la profesión médica está contenido explícitamente en el Juramento Hipocrático.

En la actualidad se conoce como principio de “no maleficencia” y obliga a no someter a un paciente a procedimientos e intervenciones inútiles, que sólo retardan el momento de la muerte natural, causando muchas veces sufrimientos innecesarios. Desde el punto de vista ético, lo correcto es la “adecuación del esfuerzo terapéutico”, que supone mantener sólo aquellas intervenciones que guarden la debida proporción entre el esfuerzo que exige su implementación y el resultado previsible (“proporcionalidad terapéutica”). Las medidas “desproporcionadas” o inadecuadas para la condición clínica del paciente son éticamente ilícitas cuando sólo causan sufrimientos innecesarios y no ofrecen un beneficio real. Por tanto, no deberían implementarse o deberían retirarse.

Paulina Taboada
Médico Internista y Doctora en Filosofía

Médico Internista, Doctora en Filosofía. Miembro del Board of Directors del St. André International Center for Ethics and Integrity, USA. Fue profesora Asociada en la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile durante 25 años y Directora del Centro de Bioética de esa misma casa de estudios.

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“Es la implementación de intervenciones médicas que no ofrecen un beneficio real al paciente y que, además, le causan sufrimientos innecesarios. Se trata de conductas reñidas
con la ética, pues no respetan el deber médico fundamental de no dañar (‘lo primero, no dañar’). En situaciones como esa, la conducta éticamente correcta sería suspender, retirar o abstenerse de implementar aquellas intervenciones, sin abandonar por ello al paciente (deber de no- abandono). Desde el punto de vista ético, lo correcto es la ‘adecuación del esfuerzo terapéutico”.

El cuidado de la salud y la vida son los dos fines primarios de la medicina. Pero eso no significa que se deba mantener la vida a costa de esfuerzos y sufrimientos desmedidos. Eso sería “empecinamiento terapéutico”. El cuidado y respeto por la vida física, también implica respetar la finitud de la vida humana y los límites de la medicina, aceptando la muerte como parte de la vida. Por tanto, en situaciones en que la condición clínica conduce irreversiblemente a la muerte próxima, la respuesta más adecuada es la implementación de cuidados paliativos, evitando mantener medidas inútiles o incluso dañinas para el paciente. El respeto por la dignidad de la persona implica buscar siempre el bien integral para cada paciente, adecuando los objetivos terapéuticos a su condición clínica.

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