1.1 LA PERSONA HUMANA Y LA VIDA 

5. ¿QUÉ DISTINGUE A LA VIDA HUMANA DE OTRAS VIDAS?

Hoy en día, muchas discusiones bioéticas se desarrollan en torno al concepto de vida. Así, en este libro encontramos dos claros ejemplos de dilemas éticos que se presentan tanto al comienzo como al final de la vida: el aborto y la eutanasia. Ahora bien, es importante profundizar nuestro conocimiento antropológico respecto de este concepto. En otras palabras, reconocer el alcance de qué significa estar vivo.

En este sentido, podemos afirmar que “la vida causa el funcionamiento del organismo como un todo, y no solo de alguna de sus partes”6. En otras palabras, podemos también reconocer a la vida por sus operaciones características7, aquellas expresiones propias de los seres vivientes. No obstante, si pensamos por un momento en la realidad que nos rodea, nos percataremos de que no existe un único grado de vida, y todavía más, esta se manifiesta en las más múltiples formas y acciones.  

Habitualmente se han reconocido y agrupado tres grados de vida: la vida vegetativa, la vida sensitiva y la vida intelectiva. Cada uno de estos grados opera como una suerte de escalón diferenciado cuyo nivel de interioridad es cada vez mayor y en el cual es posible distinguir operaciones cada vez más complejas.

De esta manera, la vida vegetativa se caracteriza por subordinarse al bien de la especie, concentrando las funciones de nutrición, crecimiento y reproducción. Por otro lado, la vida sensitiva avanza hacia un nivel de interioridad mucho más profundo, incorporando las operaciones de conocimiento y apetito sensible, vale decir, la capacidad de relacionarse con el mundo a través de los sentidos (conocimiento sensible), y de inclinarse o rehuir de aquello que es conocido (apetito sensible). Esto se lleva a cabo a través de la locomoción, función que otorga mayor autonomía a las especies biológicas que se encuentran dentro de este grado vital.

Francisca Reyes-arellano

Abogada y Magíster en Bioética

 

Profesora Titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Chile. Se ha especializado y ha publicado en temas de ética normativa e historia de la filosofía, y es también investigadora asociada del Centro de Bioética de la P. Universidad Católica de Chile. Profesora de Antropología Filosófica de la Universidad de los Andes.

Preguntas relacionadas

 01   ¿Quien es persona?

Conocer intelectualmente, es decir, conocer de manera abstracta, y junto con ello, de poder inclinarnos hacia aquello que hemos conocido (apetito intelectual). Esto otorga al ser humano una capacidad mucho mayor de proyectar su interioridad, aún más allá de lo simplemente captado por los sentidos.

Finalmente, lo propio de la vida intelectiva, que es la vida humana en su expresión más plena, añade a todas las funciones anteriores, la facultad de conocer intelectualmente, es decir, conocer de manera abstracta, y junto con ello, de poder inclinarnos hacia aquello que hemos conocido (apetito intelectual). Esto otorga al ser humano una capacidad mucho mayor de proyectar su interioridad, aún más allá de lo simplemente captado por los sentidos.

 

Lo anterior tiene muchas implicancias en las varias dimensiones de la vida humana. Por ejemplo, en cuanto a la reproducción, cabe señalar que en este grado de vida se presenta una diferencia fundamental respecto de los anteriores. De hecho, ella es llamada procreación cuando hablamos de la especie humana, pues se trata de una actividad con capacidad de ser mediada por la inteligencia y voluntad, no supeditada exclusivamente a la supervivencia de la especie, en la cual se presenta un profundo nivel de vinculación emocional.

6  Cristóbal Orrego, Filosofía: conceptos fundamentales (Santiago: Ediciones UC, 2016), 260.

 

7  Roger Vernaux, Filosofía del hombre (Barcelona: Herder, 1988), 18.

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