3.7 LA EUTANASIA Y EL SENTIDO DE LA VIDA

90 | ¿PUEDE LA EUTANASIA LLEGAR A SER UN REMEDIO PARA EL DOLOR O LA DESESPERANZA?

La progresiva promoción cultural y legislativa de la eutanasia encierra una paradoja: no hay otra sociedad que haya vivido más de espaldas a la muerte que la nuestra. La muerte es una palabra innombrable y una realidad que hay que ocultar; su mención es motivo de pánico y angustia (la pandemia del COVID-19 da buena prueba de ello); parece que todos los avances de la medicina deben dirigirse a derrotarla o, al menos, a retrasarla tanto cuanto sea posible… Y es esta misma sociedad, sin embargo, la que impulsa la mal llamada “buena muerte”.

¿Cuáles son los motivos subya centes de esta paradoja? La verdad es que la eutanasia no aparece en nuestra sociedad como una respuesta compasiva ante el dolor ajeno, sino exactamente como lo contrario: es la incapacidad de enfrentar el dolor lo que lleva a la decisión de cortarlo en su raíz; puesto que sólo sufre el que vive, quitando esta condición haremos desaparecer de nuestra vista el insoportable dolor. Es una consecuencia práctica semejante a aquella por la que, en las sociedades más “exitosas”, casi han desaparecido los síndromes de Down, Edwards (trisomía 18) y otras discapacidades congénitas. ¿Es que los avances médicos y el gran desarrollo económico de esassociedades les ha permitido encontrar curas atan terribles males? No, es que sencillamente la presencia de personas con esas deficienciases un contraste insoportable para la cómoda vida que ofrece el progreso material. Una vida que no puede aspirar a esa comodidad no sólo carece de sentido en sí misma, sino que amenaza con quebrantar el sentido que hemos dado a nuestras propias vidas. Por esto es que es necesario cortar de raíz esas enfermedades antes de que nos hagan sensible la contradicción con nuestro progreso y comodidad. De aquí que estas sociedades padecen un auténtico genocidio eugenésico.

Felipe Widow
Doctor en Filosofía y Derecho

Profesora Titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Chile. Se ha especializado y ha publicado en temas de ética normativa e historia de la filosofía, y es también investigadora asociada del Centro de Bioética de la P. Universidad Católica de Chile. Profesora de Antropología Filosófica de la Universidad de los Andes.

Preguntas relacionadas

“Es uneufemismo trágico y criminal. Una compasión artificial que no quiere ‘padecer con’. La compasión se trata de hacer propio el sufrimiento del otro, de asumir su carga tanto cuanto nos sea posible, de acompañarlo y darle sentido en su dolor, de revelarle el valor de su vida sin importar las circunstancias difíciles. Éste es el único remedio real, no ya al dolor, sino a la desesperanza de una vida agotada por la vejez o la enfermedad. La causa de esa desesperanza no se halla en la propia vejez o enfermedad, sino en el hecho de haberles despojado de sentido. La eutanasia, en cambio, no hace más que confirmar ese despojo: ‘puesto que para ti no hay esperanza, es mejor acabar una vez’”.

Con la eutanasia sucede algo semejante: cuanto menos expuesto se halla el sufrimiento en nuestra cultura, cuanto más progresamos en nuestro bienestar material, cuanto más exitosa resulta la medicina para alejar de nosotros la enfermedad, entonces menos preparados estamos para hacernos cargo de esos momentos —la vejez, la enfermedad terminal— en que emerge la vida humana en toda su fragilidad. ¿Es, la eutanasia, el remedio que esta sociedad ha encontrado para el dolor y la desesperanza asociados a esa fragilidad Llamarle remedio tiene tanto sentido como afirmar que el aborto eugenésico es el remedio de aquellos síndromes y discapacidades. Es un eufemismo trágico y, hay que decirlo, criminal. Por supuesto que no se trata de negar la posibilidad de que alguien esté subjetivamente movido por la compasión, pero es una falsa compasión. Es una compasión artificial construida por una sociedad que, precisamente, no quiere “padecer con”. Porque de esto se trata la compasión: de hacer propio el sufrimiento.