3.7 LA EUTANASIA Y EL SENTIDO DE LA VIDA

91 | ¿PUEDE EL SUICIDIO O LA EUTANASIA JUSTIFICARSE COMO UNA FUENTE DE SENTIDO DE LA VIDA, POR MOTIVOS ÉTICOS O RELIGIOSOS?

Víctor Frankl planteaba que el sentido de la existencia humana se construye en la búsqueda concreta de valores creativos, experienciales o actitudinales. Según esta perspectiva, todos necesitamos darle sentido a nuestra existencia, de manera más o menos consciente, a través de la búsqueda cotidiana de estos valores.

Los valores creativos tienen que ver con nuestro quehacer (desde cocinar una cena deliciosa hasta construir una gran obra de arte o realizar nuestro trabajo bien hecho); los valores experienciales tienen relación con la capacidad de contemplar la belleza en diferentes circunstancias (Víctor Frankl la ejemplifica en la contemplación de un atardecer en los campos de concentración); los valores actitudinales se relacionan con la forma en que enfrentamos nuestra propia existencia, con las virtudes y con el ejercicio más alto de la libertad humana: elegir quién quiero ser, dadas las circunstancias concretas de mi vida.

Al final de la vida o en contextos de enfermedades graves o dolorosas muchas veces aparecen, en el propio paciente o en sus familiares cercanos, ideas de muerte. Estas ideas la mayor parte de las veces corresponden a síntomas de la esfera anímica (ansiedad o depresión), en el contexto del gran estrés físico y psicológico al que están sometidos (y que muchas veces no cuenta con una estructura de soporte o acompañamiento por parte del sistema de salud).

¿Puede en algunos casos proponerse la muerte, el suicidio o la eutanasia constituirse como un “valor actitudinal” y darle sentido a la existencia de la persona sufriente? Sin lugar a dudas que sí. Esto es fácil de reconocer en los testimonios de personas que, en el contexto de su enfermedad, establecen verdaderas cruzadas para buscar apoyo a su causa.

Beatriz Shand
Médico Neuróloga y Magíster en Bioética y Filosofía

Médico-cirujano. Neuróloga. Magíster en Bioética y Magíster en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente pertenece a la Comunidad Interdisciplinar Olga Wojtyla.

Preguntas relacionadas

“Es fácil reconocer en los testimonios de personas que, en el contexto de su enfermedad, establecen verdaderas cruzadas para buscar apoyo a su causa de proponerse la muerte, el suicidio o la eutanasia. Aunque este mecanismo psicológico es perfectamente comprensible en el contexto del dolor y el sufrimiento al final de la vida, no valida en sí mismo la causa que persigue.

Podríamos decir que el suicidio es un falso valor, tal como podría serlo la venganza o el deseo
de destrucción de otras personas. Los valores deberían apuntar a la excelencia humana y no a la destrucción o autodestrucción del ser humano”.

Aunque este mecanismo psicológico es perfectamente comprensible en el contexto del dolor y el sufrimiento al final de la vida, no valida en sí mismo la causa que persigue. Los valores —tal como la palabra lo sugiere— deberían apuntar a la excelencia humana y no a la destrucción o autodestrucción del ser humano. Podríamos decir que el suicidio es un falso valor, tal como podría serlo la venganza o el deseo de destrucción de otras personas en el contexto de las guerras religiosas. Ninguna guerra religiosa que aspire a la destrucción de otros seres humanos puede validarse —por noble y profunda que sea la causa que la motive— desde una antropología que reconozca el valor insustituible de cada persona humana. Tal vez la única excepción a esta norma es el martirio, es decir, el ofrecimiento de la propia existencia por motivos religiosos. En este punto debe aclararse que el martirio se produce no por una elección directa y deliberada de la muerte, sino por una aceptación de la misma como único camino para no negar los valores religiosos y espirituales de la persona, que usualmente confía en que su existencia continuará en una dimensión superior. Es decir, el martirio podría considerarse aceptable como una experiencia de búsqueda de una vida superior a la actual, en caso de que las circunstancias lo exijan. Reconociendo los admirables testimonios de martirio que se han producido a lo largo de la historia en diferentes contextos, es del todo deseable que la tolerancia de la sociedad a las distintas visiones religiosas y la erradicación de la violencia hagan plausible que no existan nuevos mártires por razones religiosas (ni por ninguna otra causa).

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