4.4 DERECHOS HUMANOS, LEGISLACIONES Y LA CULTURA PROVIDA
126 | ¿NECESITA CHILE UNA LEY DE EUTANASIA?
Lo que requiere hoy nuestro país es cuidar la vida de todos sus habitantes, en particular de los que están en mayor riesgo. La vida es un bien superior, un derecho humano fundamental, indisponible, el cual se debe cuidar independientemente de las características del paciente. Por supuesto, lo anterior se debe hacer entregando todas las condiciones para acompañar de manera integral a esa persona en el dolor y el sufrimiento físico, psicológico y espiritual. Evidentemente una ley que autorizara la eutanasia no es lo que requiere nuestro país.
En contraste, hay quienes argumentan que sería conveniente legalizar esa práctica, sobre la base de una mal entendida ‘autonomía del paciente’. Esa posición pretende reducir el problema de la licitud de la eutanasia a la mera decisión de la persona, que de manera supuestamente informada, podría solicitar la eutanasia o la muerte asistida a un médico en condiciones previamente determinadas por la ley. En otras palabras, se considera que basta que una decisión sea libre para considerarla justa. Adicionalmente, quienes defienden la primacía de la autonomía deben hacerse cargo de ciertas dificultades en su razonamiento, como por ejemplo, la efectiva libertad del paciente para tomar la decisión, o la eventual presión familiar y del entorno.
Llama la atención la estrategia de algunos proyectos de ley consistente en esconder el concepto de eutanasia, aunque en el fondo su objetivo es autorizarla. Muchas veces, esas iniciativas legales utilizan el eufemismo “muerte digna”. No podemos olvidar que la eutanasia es el acto de provocar de manera intencionada la muerte de una persona, a solicitud de ésta, y debido a una enfermedad terminal e incurable. Si aquello se autoriza, entonces se está legalizando la eutanasia, más allá de cómo se le llame.
Además se debe considerar que, por definición, la eutanasia supone el actuar de un médico. Por ende, es pertinente recordar los fines de la medicina. Ésta se orienta a prevenir las enfermedades, promover la salud, asistir a los enfermos, aliviar el dolor y a cuidar a los incurables. La medicina nunca se ha orientado a terminar con la vida del paciente y no parece razonable intentar cambiar sus objetivos por ley. En cualquier caso, los pacientes y sus familiares deben conocer cuáles son los principios que rigen el actuar médico de los profesionales que serán sus tratantes.
Ignacio Sánchez
Médico Pediatra – Rector UC
Rector de la Pontificia Universidad Católica de Chile y profesor titular de la Facultad de Medicina, es médico-cirujano y pediatra de la Universidad Católica, especialista en enfermedades respiratorias del niño por la Universidad de Manitoba, en Canadá. Preside el Capítulo Chileno de Universidades Católicas.
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“La medicina nunca se ha orientado a terminar con la vida del paciente y no parece razonable intentar cambiar sus objetivos a través de una ley. Lo que Chile necesita es una medicina que siga orientada a cuidar la vida de las personas”.
Por otra parte, es fundamental considerar que un médico nunca actúa solo, sino formando parte de un equipo. En este sentido, cobra relevancia el ideario instituciona de los hospitales y clínicas a los cuales los pacientes y sus familiares acudirán a solicitar las prestaciones de salud. En esos idearios se contienen los fundamentos que justifican la existencia de esas instituciones.
De ejecutarse la eutanasia, será el acto médico el responsable final del término de la vida de su paciente y, evidentemente, sería una contradicción que se produjera en una institución cuyos principios incluyen el respeto irrestricto por la vida de todo ser humano.
Chile no necesita una ley de eutanasia, pero si llegase a haberla, debe respetarse claramente tanto la libertad de conciencia personal de los miembros del equipo de salud, como el ideario institucional para oponerse a realizar este acto, que no es parte de la medicina. Lo que Chile necesita es una medicina que siga orientada a cuidar la vida de las personas. Este es nuestro desafío: promover una auténtica cultura provida.
