2.1 EL INICIO DE LA VIDA

17 | ¿HAY UN UNICO SER HUMANO DURANTE TODO EL DESARROLLO EMBRIONARIO, DESDE LA CONCEPCION HASTA EL NACIMIENTO?

Nuestra vida empieza mucho antes de nacer, a partir de la concepción, es decir, desde el momento en que se unen los gametos masculino y femenino, para formar el cigoto o primera célula. Allí comienza nuestra existencia y con ella el desarrollo biológico inicial de todo ser humano, conocido como desarrollo embrionario.

Resulta interesante comparar dicho desarrollo con el que observamos en la vida extrauterina. Luego del nacimiento, podemos identificar fácilmente que cada persona vive un desarrollo único, continuo, con distintas etapas que son dependientes unas de otras para el avance del proceso de crecimiento y madurez. Con el paso del tiempo, constatamos que el recién nacido se transformará sucesivamente en lactante, niño, adolescente, adulto y adulto mayor.

Ninguno de nosotros es idéntico, física ni mentalmente, en cada momento de nuestra existencia: al nacer éramos muy distintos de lo que somos ahora, leyendo este libro y, de seguro también lo seremos en cada década venidera. No hemos sido –ni seremos– exactamente iguales, pero siempre seguiremos siendo la misma persona a lo largo de toda nuestra vida.

De esa misma manera, aunque no lo podamos observar directamente al ojo desnudo (mas sí gracias a los avances de la ciencia), el desarrollo embrionario tiene características que, sin lugar a dudas, nos muestran que desde el momento mismo de la concepción hay un sujeto único que “dirige” todo el proceso. Esto quiere decir que hay un único ser humano, idéntico a través de todo el desarrollo, desde la concepción hasta el nacimiento y, también después de aquel, que sigue siendo la misma persona hasta el día de su muerte.

Jorge Acosta
Médico

Profesora Titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Chile. Se ha especializado y ha publicado en temas de ética normativa e historia de la filosofía, y es también investigadora asociada del Centro de Bioética de la P. Universidad Católica de Chile. Profesora de Antropología Filosófica de la Universidad de los Andes.

Preguntas relacionadas

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 03   ¿Qué conceptos filosóficos nos permiten comprender que la vida humana comienza con la concepción y termina con la muerte natural?

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 19 ¿Existe comunicación entre el niño por nacer y su madre?

 20 ¿Cuál es la diferencia entre cigoto, embrión, feto y recién nacido?

“Desde el momento mismo de la concepción hay un sujeto único que ‘dirige’ todo el proceso. Esto quiere decir que hay un único ser humano, idéntico a través de todo el desarrollo y que sigue siendo la misma persona hasta el día de su muerte”.

Las características del desarrollo embrionario a que nos referimos son:

(i) Coordinación: es decir, todo el desarrollo tiene un control único, dirigido desde la información contenida en el genoma (también único, distinto del padre y de la madre), y que se expresa según los estímulos que llegan constantemente desde el ambiente extracelular. La información genética de todos nosotros, que se origina en el cigoto, se encuentra completa e invariablemente presente en cada célula de nuestro organismo, en todas las etapas de nuestro desarrollo, antes y después de nacer. Este control único, supone un sujeto único.

(ii) Continuidad: así como describimos las etapas de crecimiento de la vida extrauterina (inherentemente continuas entre recién nacido y adulto mayor), también existen distintas etapas, sucesivas, que describen los distintos momentos del desarrollo embrionario: cigoto, mórula, blastocisto, gástrula, embrión, feto. Cada etapa termina cuando empieza la siguiente, es más, cada situación particular del desarrollo embrionario (por ejemplo, cuando aparecen los primeros esbozos de los miembros y de los órganos) es parte de una cadena ininterrumpida de hechos que es consecutiva en el tiempo. Esto supone que el sujeto que está al inicio (cigoto), a través de los distintos procesos (desarrollo intra y extrauterino), y al final de cada proceso, es siempre el mismo individuo, aunque se modifique superficialmente su apariencia.

(iii) Gradualidad: las etapas descritas, no sólo están “contiguas” unas de otras, sino que avanzan en complejidad: requieren de la inmediatamente anterior para suceder y, luego, sirven de sustrato para la siguiente. Cada una aportando una parte adicional, todas ordenadas en la misma dirección. La forma definitiva del niño por nacer se alcanza gradualmente, siempre a partir de un número mayor o menor de formas más simples27.

27 Para estas tres características del desarrollo embrionario, véase: Angelo Serra, “Dalle nuove frontiere della biologia e della medicina nuovi interrogativi alla filosofia, al diritto e alla teologia”, en Nuova genetica ed embriopoiesi umana, Vita e Pensiero (Milano: Università Cattolica del Sacro Cuore, 1990).



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