3.2 EL PACIENTE GRAVEMENTE ENFERMO
74 | ¿EXISTE UNA OBLIGACIÓN DE MANTENER LA VIDA DE UN PACIENTE POR CUALQUIER MEDIO?
Vida humana | Persona | Filosofía
La enseñanza tradicional establece que el deber moral de mantener la vida de un paciente mediante la implementación de intervenciones médicas se funda en la certeza moral de que ese apoyo puede reportarle beneficios reales, en términos de recuperar la salud o prevenir una muerte evitable. Por tanto, cuando se ha llegado a la razonable convicción de que las intervenciones médicas no son capaces de revertir el curso natural de una condición clínica que conduce inevitablemente a una muerte próxima (enfermo terminal), no existe obligación moral de mantener la vida mediante el uso de la tecnología.
De hecho, existe un deber moral de no implementar o retirar aquellas intervenciones médicas que no reportan un beneficio clínico real al paciente y que incluso le causan daño o sufrimiento innecesario. Su aplicación representa un mal moral, porque no respeta el deber médico fundamental de no dañar. Ya en el Juramento Hipocrático se afirma: “lo primero, no dañar”. La conducta éticamente correcta en este tipo de situaciones sería abstenerse de implementar o suspender las intervenciones desproporcionadas, extraordinarias o inadecuadas a la condición clínica del paciente, cuidando de nunca abandonar al paciente (deber de no-abandono).
Aún en aquellos casos en los que el recurso a la medicina pudiese servir para prolongar un poco la vida, una persona podría estar eximida del deber moral de utilizarlo, si existen condiciones que se lo impidan (“imposibilidad física o moral”)138. Los estudiosos de la ética han identificado diversas causas de imposibilidad, que excusan a una persona de utilizar intervenciones médicas que podrían prolongar su vida. Entre las causas de ‘imposibilidad física’ se mencionan, por ejemplo, que la medida no esté disponible; que no pueda ser utilizada; que las condiciones físicas del enfermo sean incompatibles con su uso; etcétera139. Como causas de “imposibilidad moral” se han señalado: un esfuerzo demasiado grande, un dolor excesivo; un costo extraordinario o un temor invencible140.
Paulina Taboada
Médico Internista y Doctora en Filosofía
Médico Internista, Doctora en Filosofía. Miembro del Board of Directors del St. André International Center for Ethics and Integrity, USA. Fue profesora Asociada en la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile durante 25 años y Directora del Centro de Bioética de esa misma casa de estudios.
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“El deber moral de mantener la vida de un paciente mediante intervenciones médicas se funda en la certeza de que ese apoyo puede reportarle beneficios reales. Cuando se ha llegado a la razonable convicción de que las intervenciones médicas no son capaces de revertir el curso natural de una condición clínica que conduce inevitablemente a una muerte próxima, no existe obligación moral de mantener la vida mediante el uso de la tecnología”.
Por tanto, cuando una terapia no ofrece beneficios razonables o supone al menos un elemento de imposibilidad física o moral para el paciente, no existe obligación moral de utilizarla. Su implementación podría ser incluso moralmente ilegítima, si efectivamente no ofrece beneficio razonable y causa sufrimientos innecesarios al paciente. La adecuación del esfuerzo terapéutico busca mantener sólo aquellas medidas que guarden una relación de debida proporción entre el esfuerzo de su implementación y el resultado previsible (proporcionalidad terapéutica).
No obstante, excepcionalmente podría considerarse éticamente correcto seguir manteniendo con vida a un paciente mediante la aplicación de intervenciones médicas, aun sabiendo que su condición clínica es irreversible, si existen razones humanitarias o de otra índole que lo justifiquen. Así, cuando conservar con vida a un paciente le permita cumplir con otros deberes importantes, ya sean personales, familiares, legales, espirituales y/o religiosos. Por ejemplo, si mantenerlo con vida permite que alcance a llegar a despedirse de él un familiar que vive lejos; o hace posible que un sacerdote o agente pastoral venga a darle asistencia espiritual; o que un abogado lo asista en la documentación de asuntos relacionados con la herencia, etc.
