3.5 ASPECTOS GENERALES SOBRE EL DOLOR

83 | ¿EXISTE UN DOLOR FÍSICO Y UN DOLOR PSÍQUICO?

Existen numerosas definiciones de dolor. Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), se define como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada o similar a la asociada con daño tisular real o potencial”158. El dolor es entonces, primariamente una experiencia sensitiva.

Desde un punto de vista clínico, se han propuesto distintas formas de clasificación del dolor de acuerdo al origen del mismo, a la respuesta a los medicamentos, a la duración en el tiempo, etc.

El dolor siempre tiene un correlato en la conciencia y un significado alarmante. Está presente en todos los animales para orientar la conducta en un sentido opuesto al del estímulo que lo provoca. En el ser humano, dada la complejidad de los fenómenos mentales, la relación estímulo-dolor-conducta evitativa no es siempre unidireccional. La interpretación psicológica que hacemos del dolor y la presencia o ausencia de atenuantes, pueden modular significativamente la respuesta humana al mismo.

El dolor físico es una de las causas de lo que podría llamarse dolor psíquico o sufrimiento.

El sufrimiento corresponde a una expresión emocional negativa frente a una condición dolorosa. Puede expresarse exteriormente como tristeza, inquietud, impaciencia, desvelo, falta de interés en la vida, etc.

Aun cuando el dolor físico puede provocar sufrimiento, en el ser humano existen muchas causas distintas de sufrimiento: la experiencia de abandono, traición, entre otras experiencias humanas, provocan sufrimiento no mediado por la presencia de un estímulo nociceptivo159. En algunos pacientes, especialmente al final de la vida, puede presentarse una sumatoria de causas de dolor psíquico, que incluyen el dolor físico, además de otros factores causantes de dicho padecimiento; tales como: experimentar la pérdida de capacidades y el deterioro de roles o vínculos y la experiencia de pérdida de sentido de la propia existencia. A este último escenario, Cicely Saunders lo denomina “dolor total” y su abordaje es una
de las mayores tareas de la medicina paliativa.

Los profesionales de la salud deben tener la sensibilidad suficiente para hacer sentir a cada paciente como “único, importante como ser, con una enfermedad específica pero con diferentes pero válidas formas de reacción”160 y muchas veces pueden constituirse ellos mismos como un atenuante de la experiencia dolorosa, al poner al servicio del paciente no solamente la pericia técnica, sino también una actitud humana y empática frente a la persona sufriente.

De esta manera, la medicina paliativa ofrece el reconocimiento del valor de la persona en toda circunstancia, inclusive en aquellas precarias y dolorosas o cuando la muerte es próxima. Aun cuando la misma persona es incapaz de reconocer su propio valor, la medicina debe ofrecer herramientas para que logre recuperar la percepción de éste. Este concepto ha sido desarrollado por algunos autores como “terapia de la dignidad”161.

 

Beatriz Shand

Médico Neuróloga y Magíster en Bioética y Filosofía

“En algunos pacientes, especialmente al final de la vida, puede presentarse una sumatoria de causas de dolor psíquico, que incluyen el dolor físico, además de otros factores causantes de dicho padecimiento; tales como: experimentar la pérdida de capacidades y el deterioro de roles o vínculos y la experiencia de pérdida de sentido de la propia existencia. Aun cuando la misma persona es incapaz de reconocer su propio valor, la medicina debe ofrecer herramientas para que logre recuperar la percepción de éste”.

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