2.1 EL INICIO DE LA VIDA 

19 | ¿EXISTE COMUNICACIÓN ENTRE EL NIÑO POR NACER Y SU MADRE?

La comunicación del niño que está por nacer con su madre es permanente desde la fecundación al nacimiento. Tiene diversas formas según la etapa de desarrollo del nuevo organismo humano. La fecundación ocurre en la mujer en las trompas de Falopio, desde donde el cigoto emigra hasta el útero, para comenzar la implantación y seguir su desarrollo. Esta etapa demora alrededor de siete días, en que comienza la implantación en el útero. ¿Hay comunicación del ser humano en esta etapa con su madre? Durante mucho tiempo, se conocía poco de este período en que el embrión todavía no está unido a su madre en el endometrio del útero. Este desconocimiento llevó a pensar que hasta aquí solo se tenía un cúmulo de células sin ninguna orientación característica ni actividad especial. Hoy sabemos que desde la fecundación existe un complejo intercambio de señales entre el embrión recién concebido y su madre. Estas señales son diversos tipos de sustancias como factores moleculares, citocinas y factores de crecimiento que tienen importancia para favorecer la implantación y el crecimiento del embrión. Se puede decir que los factores enviados por la madre modulan el desarrollo del embrión, y los enviados por el embrión preparan el endometrio materno para la implantación y actúan sobre el sistema inmunológico de la madre para evitar el rechazo, ya que el embrión es un organismo distinto, con diferente genoma que el de la madre. De no ser así, el sistema inmune de la madre reconocería como extrañas las células del hijo y las atacaría como lo hace habitualmente con los trasplantes, sustancias y microorganismos exógenos (bacterias, virus). Con razón se puede decir que éste es el primer diálogo madre-hijo, como se ha mencionado en artículos científicos32,33.

Después de la implantación, la relación con la madre se da a través del trofoblasto, que es la membrana de células que rodea al embrión (masa celular interna o embrioblasto) en sus primeras etapas de desarrollo. El trofoblasto es responsable de la nutrición del embrión y es indispensable para lograr la implantación en el útero. Sus células aportan la parte fetal de la placenta, que comienza a formarse con la implantación en la segunda semana de gestación, completándose alrededor del tercer o cuarto mes. La placenta es el principal órgano responsable de la comunicación entre la madre y el hijo. A través de esta, la madre le proporciona la nutrición y oxigenación al embrión o feto, impide que le lleguen sustancias nocivas y funciona como órgano excretor de los residuos del feto. Es un órgano propio del embarazo que lo forman la madre y el hijo.

 

Patricio Ventura-Juncá
Médico Pediatra Neonatólogo

Manuel Santos
Médico Genetista y Doctor en Ciencias Biológicas

Patricio Ventura-Juncá
Médico Pediatra Neonatólogo

Médico-cirujano, especialista en pediatría y neonatología. Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile, y de la Universidad Finis Terrae. Fue Director del Centro de Bioética UC, del Instituto de Bioética de la Universidad Finis Terrae y miembro del Consejo Directivo de la Pontificia Academia para La Vida.

Manuel Santos
Médico Genetista y Doctor en Ciencias Biológicas

Médico cirujano, especialista en Genética Clínica. Doctor en Ciencias Biológicas con mención en Biología Celular y Molecular. Actualmente es Profesor Titular de la Universidad Finis Terrae y la Universidad de Santiago, y Director del Instituto de Bioética de la Universidad Finis Terrae.

Preguntas relacionadas

“La comunicación de la madre con el niño que está por nacer es continua e integral. Abarca desde aspectos moleculares, nutricionales y hasta los niveles de afectividad”.

Cada vez sabemos más sobre la comunicación de la madre con el hijo. Un aspecto relativamente nuevo, y de trascendencia en medicina, es el conocimiento que tenemos sobre la influencia que tienen los estilos de vida sanos de la embarazada, en especial de su nutrición. Hoy se sabe, además, que es importante la estabilidad psicológica de la madre. El estrés durante el embarazo puede predisponer en el niño, y futuro adulto, a tener dificultades de adaptación y alteraciones psicológicas34. Estos hechos demuestran el carácter relacional que tiene el ser humano en todas las etapas de su vida. El entorno desde un comienzo influye en el desarrollo y la condición de salud a lo largo de la vida35. Esto tiene sus fundamentos en lo que hemos descrito como epigenética. Hoy se ha acuñado la expresión: “los orígenes en el desarrollo de la salud y la enfermedad”, demostrando la importancia que tiene este enfoque, en el cual hay un dinámico desarrollo en investigación y nuevos conocimientos. Es toda una nueva orientación de la biología y de la medicina, con un gran énfasis en la importancia del entorno y las relaciones en el desarrollo a lo largo de la vida, en especial en las etapas tempranas. Todos estamos relacionados con todo y con todos. Hay una forma de solidaridad y de interrelaciones universales, que van desde el ámbito molecular hasta el entorno afectivo, social, físico y cultural. Es el concepto de Ecología Integral que nos interpela a tomar conciencia de nuestra responsabilidad con respecto a la calidad de nuestras relaciones36.

En conclusión, la comunicación de la madre con el niño que está por nacer es continua e integral. Abarca desde aspectos moleculares, nutricionales y hasta los niveles de afectividad, todo –en gran parte– condicionado por el entorno37

 

28 Ernst Haeckel, The evolution of man (Londres: Watts & Co, 1912), https://www.gutenberg.org/files/8700/8700-h/8700-h.htm#chap01 (Consultado el 20-08-2022), 76-77.

29 La fertilización o fecundación ocurre naturalmente en el oviducto (Trompa de Falopio) de la madre. Cuando esta se realiza en forma artificial en un laboratorio se le denomina fertilización in vitro, se constituye un embrión fuera del cuerpo de la madre y se trata luego de implantarlo en el útero de una mujer (no necesariamente la madre). Originalmente es una técnica que se ofreció a parejas infértiles.

30 Disponible en Helen Pearson, “Your destiny, from day one”, Nature, Vol. 418 Nº 4 (2002), 14-15.

31 Ibid.

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