2.4 EMBARAZO VILNERABLE, SALUD MENTAL Y PREVENCION DEL ABORTO
29 | ¿ES LO MISMO UN EMBARAZO NO DESEADO QUE UN EMBARAZO?
Ciertamente no es lo mismo. Si bien es habitual que el concepto “embarazo no deseado” sea ampliamente utilizado como sinónimo de “embarazo no planificado”, en ellos radica una diferencia fundamental que bien vale la pena distinguir.
En primer lugar, es importante reconocer que el embarazo depende de diversos factores biológicos que escapan de la voluntad directa de la mujer y el hombre. De hecho, una pareja sin ningún tipo de problema de fertilidad puede demorar hasta un año en concebir un hijo. Por lo tanto, aunque un embarazo esté absolutamente planificado (y por ende, deseado), no es posible establecer previamente que se producirá en un momento exacto, por la mera voluntad de la pareja. Siempre existirá una incertidumbre inherente a este proceso.
Ahora bien, que un embarazo llegue en un momento que no había sido planificado, no es lo mismo que considerarlo como no deseado. Una cosa es la oportunidad en que ocurre la gestación y otra el deseo de tener un hijo. Aunque sea un imprevisto, no significa necesariamente que deba ser considerado como indeseable.
Esta distinción trascendental queda especialmente clara cuando se analizan en detalle los hechos acaecidos en una situación como esta: se trata de la llegada de un nuevo ser humano, un hijo, que es concebido en un momento inesperado. Los padres podrían haber “deseado” que hubiera sucedido en otra oportunidad, pero aquello no equivale a que no deseen tener a su hijo o que no lo amen.
Lo no deseado es, entonces, la circunstancia en que ocurre el embarazo, pero no su hijo, quien comienza su vida luego de la concepción. Esta diferenciación es importantísima para poder hacerse cargo, más adecuadamente, de la realidad de gestaciones cuya oportunidad no es apropiada. Un ejemplo paradigmático es el embarazo adolescente.
El año 2017, se registraron más de 17 mil embarazos en menores de 19 años, lo que representa un casi un 8% de los nacimientos. Según los datos de la 8ª Encuesta Nacional de la Juventud (2015), el 14% de la población joven ha experimentado un embarazo adolescente, afectando principalmente a mujeres de niveles socioeconómicos bajos.
Jorge Acosta
Médico
Profesora Titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Chile. Se ha especializado y ha publicado en temas de ética normativa e historia de la filosofía, y es también investigadora asociada del Centro de Bioética de la P. Universidad Católica de Chile. Profesora de Antropología Filosófica de la Universidad de los Andes.
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«Que un embarazo llegue en un momento que no había sido planificado, no es lo mismo que considerarlo como no deseado. Una cosa es la oportunidad en que ocurre la gestación y otra el deseo de tener un hijo. Aunque sea un imprevisto, no significa necesariamente que deba ser considerado como indeseable”.
La edición siguiente de dicha medición, realizada en 2019, señala que un 17% de jóvenes reportan haber vivido un embarazo no planificado. El mayor porcentaje se concentra en los grupos socioeconómicos bajos (21,6%) en comparación con los grupos medios (15,3%) y altos (7,1%). Según lo que ha identificado la entidad gubernamental, más del 50% de los jóvenes que señalan haber vivido un embarazo no planificado, declaran que este hecho habría ocurrido en la adolescencia.
Como lo muestran los datos, una política pública respetuosa de la dignidad de la persona humana, debería estar orientada a prevenir los embarazos en la adolescencia, enfrentando decididamente las causas que lo producen. Deberían promoverse políticas focalizadas en los grupos más vulnerables, mejorando significativamente la educación y fortaleciendo el apoyo familiar.
Por el contrario, actuar ex post, no sólo termina con la vida de aquel niño en gestación, cuya existencia ya se ha iniciado, también perpetúa las injusticias que conducen a mantener altas tasas de embarazos en menores de edad.
