4.2 OBJECIÓN DE CONCIENCIA Y LIBERTAD DE IDEARIO
114 | DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA ÉTICA MÉDICA, ¿ESTÁ EL MÉDICO SIEMPRE OBLIGADO A HACER LO QUE LE SOLICITA SU PACIENTE?
No está siempre obligado. Existen, al menos, tres razones que fundamentan esta respuesta. La primera de ellas se refiere a la naturaleza de la relación médico-paciente, entendida como el encuentro de dos personas, poseedoras de la misma dignidad y derechos, y que demanda un respeto recíproco. En la antigüedad
predominó el paternalismo, en el cual el médico imponía su voluntad al paciente; hoy, el modelo prevalente de relación clínica es el de alianza terapéutica, en el cual el médico propone un plan diagnóstico-terapéutico que considera las necesidades y expectativas del enfermo; este último puede aceptar o rechazar la proposición. Algunos consideran que la relación clínica debería evolucionar a una modalidad en que el médico sea un técnico experto y acceda a cualquier solicitud de su paciente, sólo resguardando que se cumpla el consentimiento informado. Esta visión del actuar médico no considera la posibilidad de una objeción profesional o de conciencia para acceder a dicha petición, lo que nos lleva al segundo fundamento.
La profesión médica, como otras actividades humanas, sólo se entiende por relación a sus fines, que son el cuidado de la vida y la salud de las personas. Las metas de la medicina incluyen la prevención, curación y alivio de las enfermedades; también el acompañamiento integral de aquellos que no se pueden curar y enfrentan la muerte (cuidados paliativos, acompañar al buen morir).
El médico, así como otros profesionales de la salud, hace un compromiso público de no realizar actos que atenten contra los fines y metas de ella, aun cuando le fueran solicitados. En esto radica la confianza que la sociedad deposita en sus agentes sanitarios, a la manera de un contrato tácito ¿qué pasaría si los mismos que se han comprometido a cuidar de la salud y la vida, atentaran contra ellas? Podría llegarse a una situación en que pacientes gravemente enfermos o en condición terminal rechacen hospitalizarse por temor a que no se les administren los cuidados necesarios o se les aplique eutanasia sin su consentimiento.
IVÁN PÉREZ
Médico internista y Magíster en bioética
Médico Internista, Magíster en Bioética, Fellow of the American College of Physicians (FACP), Profesor Clínico Asociado de la Facultad de Medicina P. Universidad Católica de Chile, presidente Comité de Ética Asistencial de la Red de Salud UC-Christus. Áreas de interés: docencia de pre y postgrado en bioética y medicina interna.
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Finalmente, está la cuestión de la agencia moral y la responsabilidad. En todo acto humano libre, iluminado por la razón e imperado por la voluntad, es posible identificar un agente que detenta la responsabilidad ética de lo realizado; para reconocerlo basta preguntarse ¿quién hizo esto? En el caso de las acciones diagnósticas y terapéuticas, el médico es
el único agente moral.
Es así como en una relación fundada en la confianza y de tipo colaborativo, el médico propone al paciente la terapia más conveniente y este último, luego de aclarar sus dudas, puede aceptarla o rechazarla. Cuando se trata de intervenciones invasivas y/o de mayor riesgo, existe el documento de consentimiento informado, que consigna la participación del paciente en la decisión; no obstante, cuando el paciente (o quien lo represente) firma aceptando el tratamiento, no asume la responsabilidad por los resultados. Esta siempre le pertenece al médico y es indelegable.
