3.1 EL FINAL DE LA VIDA
69 | ¿CUÁNDO TERMINA LA VIDA HUMANA?
Esta pregunta, relacionada con el misterio de la muerte, ha acompañado al hombre desde siempre y responderla en pocos párrafos es una osadía. La vida humana, así como la vida de los animales y las plantas, termina con la muerte. La muerte es el cese irreversible de la vida y ocurre en un instante en el que se verifica un cambio sustancial en el ser. Así como hay un instante en que comienza cada vida humana, también existe el instante en que termina. En consecuencia, tanto el inicio como el término de la vida no son procesos, sino eventos instantáneos, cuyo momento exacto de ocurrencia no podemos determinar con precisión a través mediciones empíricas; aún con todo el avance de la ciencia y la medicina, diagnosticamos la muerte de una persona cuando ésta ya ha sucedido.
Afirmar que alguien ha fallecido demanda seguridad absoluta por las implicancias éticas, médicas y jurídicas que implica. Desde los albores de la humanidad y hasta avanzado el siglo XX este asunto no fue problema, ya que el sentido común y la experiencia permiten asegurar que alguien inconsciente, sin respuesta a estímulos dolorosos, con ausencia de latidos cardíacos y sin respiración espontánea (signos negativos de vida) está muerto; mayor certeza aún si a lo anterior se agrega frialdad, color lívido, rigidez corporal o, en etapas más avanzadas, signos de descomposición de los tejidos (signos positivos de muerte)124.
Iván Pérez
Médico Internista y Magíster en Bioética
Médico Internista, Magíster en Bioética, Fellow of the American College of Physicians (FACP), Profesor Clínico Asociado de la Facultad de Medicina P. Universidad Católica de Chile, presidente Comité de Ética Asistencial de la Red de Salud UC-Christus. Áreas de interés: docencia de pre y postgrado en bioética y medicina interna.
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“La muerte es el ‘cese irreversible de la vida’ y ocurre en un instante en el que se verifica un cambio ‘sustancial’ en el ser. Tanto el inicio como el término de la vida no son procesos, sino eventos instantáneos, cuyo momento exacto de ocurrencia no podemos determinar con precisión a través mediciones empíricas; aún con todo el avance de la ciencia y la medicina, diagnosticamos la muerte de una persona ‘cuando ésta ya ha sucedido’”.
Sin embargo, la aparición de los ventiladores artificiales y el desarrollo de las unidades de cuidado intensivo hizo evidente otra realidad: que pacientes con daño total e irreversible del encéfalo (cerebro + cerebelo + tronco cerebral) podían considerarse muertos, ya que esa condición clínica marca el punto de no retorno para la desorganización y desintegración total del individuo. La “muerte encefálica” (brain death), permite la extracción de órganos con fines de trasplante y la suspensión de la ventilación mecánica, en la convicción que estos individuos ya han fallecido. Asimismo, obligó a profundizar la definición de muerte y entenderla como el “cese permanente del funcionamiento del organismo como un todo”125, es decir, muerte es el momento en que se pierde la integración y coordinación de los distintos órganos y sistemas de un individuo —se pierde la “unidad”— aún cuando algunas células y tejidos sigan funcionando de manera aislada por algún tiempo (horas, días). Este criterio neurológico de muerte asume que el encéfalo es el órgano integrador y coordinador del individuo, noción que ha sido puesta en duda por algunos autores126; este nuevo parámetro, ampliamente aceptado en la actualidad, no se contrapone con el clásico criterio cardiopulmonar, ya que la detención de la circulación sanguínea implica necesariamente daño encefálico irreversible, debido a la muerte de las neuronas por falta de oxígeno. El desafío es, evidentemente, aplicar de manera rigurosa las pruebas confirmatorias de la muerte encefálica127.
La vida humana termina con la muerte del individuo, que es una sola. En la actualidad podemos diagnosticarla tanto por el parámetro cardiopulmonar como por el criterio neurológico.
124 Grupo de Estudios de Ética Clínica de la Sociedad Médica de Santiago, “Diagnóstico de Muerte”, Rev Med Chile 132 (2004): 95-107.
125 James L. Bernat et al., “On the Definition and Criterion of Death”, Ann Intern Med; 94(3) (1981): 389-394.
126 D. Alan Shewmon, “Brain Death: A Conclusion in Search of a Justification”, Hastings Center Report 48(6) (2018): 22-25.
127 La muerte encefálica se confirma si se cumplen tres criterios clínicos: presencia de coma, sin respuesta a ningún estímulo; ausencia de los reflejos que se integran a nivel del tronco cerebral; y apnea, es decir, ausencia de movimientos respiratorios espontáneos. Cada criterio se corrobora por medio de la aplicación rigurosa de un protocolo por un médico especialista.
