1.3 LA LIBERTAD DE LA PERSONA HUMANA Y LA MORALIDAD DE SUS ACTOS
9 | ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA ENTRE «ACTO HUMANO» Y «ACTO DEL HOMBRE»?
En nuestras vidas, podemos identificar de manera más o menos clara, dos tipos de situaciones que, de seguro todos hemos vivido. Se trata de algunas acciones que elegimos realizar, y otras que simplemente nos ocurren. Por ejemplo, podemos notar la diferencia entre decidir salir con nuestros amigos y que nuestro pelo crezca. En este segundo tipo de acciones se encuentran principalmente aquellas que constituyen expresiones biológicas, en las cuales no puede intervenir nuestra voluntad.
En cambio, lo propiamente humano es realizar acciones voluntarias, es decir, acciones que estén gobernadas por nuestra razón, libertad y voluntad. A este tipo de actos se les ha denominado habitualmente como “actos humanos”, mientras que las expresiones biológicas, que no están mediadas por la voluntad, se conocen como “actos del hombre”. “Ambas actividades son muy importantes, pero unas –los actos humanos– son exclusivas nuestras, mientras que las otras las tenemos en común con el resto de los animales”15.
Los actos humanos se caracterizan porque en ellos existe un conocimiento formal del fin16, vale decir, el sujeto agente (quien actúa) conoce aquello para lo cual realiza la acción, no se trata de algo espontáneo.
Francisca Reyes-Arellano
Abogada y Magíster en Bioética
Abogada. Magíster en Bioética por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Doctorado (c) en Filosofía de la Universidad de los Andes. Académica de las Facultades de Derecho y Medicina de la Universidad de los Andes y de la Escuela de Humanidades de la Universidad Gabriela Mistral. Abogada del Comité Ético Científico de la Universidad de los Andes.
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“Los actos humanos se caracterizan porque quien actúa conoce aquello para lo cual realiza la acción, no se trata de algo espontáneo. Son exclusivos nuestros, mientras que los actos del hombre los tenemos en común con el resto de los animales”.
Desde la perspectiva moral, solo podemos ser responsables de los actos humanos, pues en ellos nos proponemos un fin y, a la vez, elegimos los medios más adecuados para alcanzarlo. Así, por ejemplo, si tenemos hambre, podemos libremente decidir entre diferentes alternativas de comida dependiendo de nuestras condiciones de salud, dieta, entre otras; o si deseamos pasar un ramo con buenas notas, podemos voluntariamente elegir entre estudiar arduamente para las evaluaciones, o copiar a nuestros compañeros. En cualquiera de estos casos, estos actos quedarán sujetos a juicios de valoración moral que aplicarán criterios para resolver acerca de su bondad o maldad (en términos morales).
Ahora bien, esto no quiere decir que los actos del hombre no tengan finalidad alguna, sino que sencillamente poseen finalidades que no han sido propuestas por nosotros. De esta manera, aunque nuestro corazón lata por alguna finalidad biológica, o nuestro cuerpo secrete adrenalina, nosotros no tenemos injerencia directa ni posibilidad de ejercer nuestra libertad sobre aquellos sucesos, lo que determina que estos no queden estrictamente sujetos bajo nuestra responsabilidad.
