3.1 EL FINAL DE LA VIDA

70 | ¿CÓMO SE DETERMINA LA MUERTE DE UNA PERSONA?

En la actualidad contamos con dos criterios para el reconocimiento de la muerte de la persona. El primero es el criterio tradicional: paro cardiorrespiratorio128 irreversible, que se reconoce por la detención cardiaca y respiratoria, con total falta de respuesta (coma, sin ninguna reacción); el segundo es el criterio neurológico para la determinación de la muerte, también llamado muerte cerebral o muerte encefálica. Este último criterio corresponde al reconocimiento de la muerte del ser humano a través de la constatación del cese total e irreversible de las funciones encefálicas129 (cerebro, cerebelo y troncoencéfalo130). Se caracteriza clínicamente por la tríada de coma131, ausencia de reflejos neurológicos de troncoencéfalo y ausencia de ventilación espontánea.

El criterio tradicional de determinación de la muerte de la persona ha sido intuitivamente aceptado en todas las culturas. Se construye sobre síntomas y signos negativos (ausencia de signos de vida) y es seguido en pocas horas o días de signos cadavéricos (es decir, signos propios de la desintegración corporal). En cambio, el criterio neurológico de reconocimiento de la muerte ha sido reconocido desde los años 70 y ha estado rodeado de mayor controversia.

Para poder reflexionar al respecto, es necesario hacer algunas consideraciones preliminares respecto del significado de la muerte. En primer lugar, es necesario reconocer que la muerte de la persona es una situación completamente opuesta a la de la vida. Entendemos por muerte la ausencia de la vida: sería ilógico plantear la coexistencia de ambas en una misma persona. Cuando decimos que una persona “se está muriendo”, en realidad nos referimos a una persona viva, que —dada la fragilidad de sus condiciones físicas— se acerca inevitablemente a ese momento único que es la muerte132. Allí se separa la vida de la persona humana (que es evidenciada cotidianamente como la de un organismo vivo) del proceso de desintegración propio de un cadáver.

Beatriz Shand
Médico Neuróloga y Magíster en Bioética y Filosofía

Médico-cirujano. Neuróloga. Magíster en Bioética y Magíster en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente pertenece a la Comunidad Interdisciplinar Olga Wojtyla.

Preguntas relacionadas

“Contamos con dos criterios para el reconocimiento de la muerte de la persona. El tradicional paro cardiorrespiratorio irreversible y la muerte encefálica. La muerte de ningún órgano aislado, por relevante que este sea, puede considerarse equivalente a la muerte de la persona. La muerte de la persona, el cese de su vida, es el fin de su existencia como organismo vivo. Se ha propuesto como la ‘pérdida del funcionamiento integrado del organismo como un todo’”.

En segundo lugar, es importante aclarar que la muerte que los médicos diagnostican, en este escenario, es la muerte de la persona humana, en tanto organismo vivo y no la muerte de alguna de sus partes. La muerte de ningún órgano aislado, por relevante que este sea, puede considerarse equivalente a la muerte de la persona. La muerte de la persona, el cese de su vida, es el fin de su existencia como organismo vivo. Desde un punto de vista filosófico, la muerte se ha propuesto como la “pérdida del funcionamiento integrado del organismo como un todo”.

En este punto, es importante hacer una última precisión: aún cuando la muerte de la persona es una sola, es completamente aceptable que pueda reconocerse de distintas maneras. Éstas serán válidas en la medida que sean concordantes con una correcta interpretación de lo que significa estar muerto.

En este sentido, la muerte encefálica ha sido aceptada como criterio de muerte del individuo en tanto se entiende que el cese total e irreversible de las funciones encefálicas (cerebro, cerebelo y tronco) es el primer signo de que el organismo ha dejado de funcionar de manera integrada133. Es decir, el organismo vivo, la persona, ha dejado de existir como tal. Es importante mencionar que el criterio clásico de muerte (reconocimiento de la muerte por paro cardiorrespiratorio irreversible), también apunta a la pérdida de la integración funcional: el organismo deja de integrarse por las funciones de oxigenación y nutrición de los tejidos, funciones que son sostenidas por el sistema cardiovascular.

128 El paro cardiorespiratorio se reconoce a través de los siguientes signos clínicos: pérdida brusca de la conciencia, ausencia de pulso y respiración, cianosis, arreactividad total.

129 “Report of the Ad Hoc Committee of the Harvard Medical School to Examine the Definition of Brain Death. A definition of irreversible coma”, JAMA 205 (1968):337–340.

130 Cerebro, cerebelo y troncoencéfalo son los tres elementos del sistema nervioso central, necesarios para el funcionamiento del mismo.

131 El coma es definido por el diccionario de la RAE como “estado psicológico que se caracteriza por la pérdida de la conciencia, la sensibilidad y la capacidad motora voluntaria”.

132 La vida es un concepto debatido en filosofía y ciencias empíricas, sin embargo acá nos referimos a ella como el fenómeno propio de los organismos de la naturaleza que se expresa en el automovimiento, en la capacidad de integrar sus partes desde sí mismo y de comunicarse con el entorno desde esa mismidad.

133 Antonio M. Batro et al., “Why the Concept of Brain Death is Valid as a Definition of Death Statement by Neurologists and Others and Response to Objections”, Excerpt of scripta varia. The Pontifical Academy of Sciences, 110 (2007): 5-14.



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