3.8 PROPORCIONALIDAD TERAPÉUTICA
96 | ¿CÓMO REALIZAR UN JUICIO DE PROPORCIONALIDAD TERAPÉUTICA EN PACIENTES CON ENFERMEDADES NEUROLÓGICAS?
Con gran frecuencia surgen problemas éticos en medicina. Esta situación es particularmente relevante en el cuidado de pacientes neurológicos, en torno a los cuales muchos de los grandes debates bioéticos actuales han tenido su punto de partida. Las enfermedades neurológicas reúnen ciertas características que hacen más probable la aparición de problemas éticos: con frecuencia tienen riesgo vital, un curso progresivo, algunas son incurables, pueden afectar la esfera cognitiva, comprometiendo la capacidad de la persona de autogobernarse y tomar sus propias decisiones, o producen una discapacidad física importante, provocando la dependencia de terceros en el cuidado.
El manejo del paciente neurológico muchas veces exige la correcta aplicación del principio de proporcionalidad de tratamiento. Este principio bioético establece la obligatoriedad moral de aplicar los tratamientos o medidas proporcionadas a la condición del paciente, y la licitud de renunciar a tratamientos desproporcionados. Los tratamientos proporcionados son aquellos en los cuales existe una relación adecuada entre los medios empleados y los resultados esperables, considerando las condiciones físicas, psicológicas y morales del enfermo. Este principio se aplica mediante un juicio prudencial que debe valorar la eficacia y utilidad de una medida, con respecto a la onerosidad de la misma, y que incluye tanto la perspectiva del médico como la del paciente o sus representantes179.
Con frecuencia, los pacientes con secuelas neurológicas graves, sean éstas cognitivas (tales como la Enfermedad de Alzheimer180) o motoras (como el caso del paciente tetrapléjico post traumatismo raquimedular181o con Esclerosis Lateral Amiotrófica182), plantean a sus tratantes y familias problemas de proporcionalidad de los métodos diagnósticos y terapéuticos asociados a su enfermedad y a las complicaciones relacionadas a la misma. En estos escenarios, muchas veces el análisis se centra en el grado de compromiso neurológico y las probabilidades de recuperación del paciente.
Si recordamos que eutanasia es la muerte provocada por un tercero a un paciente que sufre una enfermedad incurable y con gran dolor físico o moral, con el pretendido objeto de aliviar su dolor o sufrimiento; podemos comprender que muchas enfermedades neurológicas se plantean como justificación para la misma.
Beatriz Shand
Médico Neuróloga, Magíster en Bioética y Filosofía
Médico-cirujano. Neuróloga. Magíster en Bioética y Magíster en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente pertenece a la Comunidad Interdisciplinar Olga Wojtyla.
Preguntas relacionadas
06 ¿Es persona todo individuo de la especie humana?
92 ¿Qué es la proporcionalidad terapéutica?
93 ¿Existen medios que sean siempre obligatorios para conservar la vida?
73 ¿Cuáles son las enfermedades neurológicas graves por las que se podría solicitar eutanasia?
08 ¿Toda vida humana merece ser vivida?
90 ¿Puede la eutanasia llegar a ser un remedio para el dolor o la desesperanza?
Aún reconociendo que existen situaciones donde por causa de un daño neurológico extenso, la vida se torna en muchos aspectos precaria y dolorosa, debe evitarse el riesgo de caer en un proporcionalismo, en el cual el juicio de proporcionalidad se reduce a un análisis de costo/beneficio o de costo/utilidad, que termina estableciendo el juicio de calidad de vida del paciente como norma final de lo que es éticamente correcto. El análisis de la proporcionalidad reducido de esta manera, se aleja del principio que lo sustenta, olvidando la obligación moral de proteger la vida y la salud, tanto propia como de quienes están a nuestro cuidado. Bajo una interpretación de la calidad de vida entendida simplemente bajo criterios de utilidad, se puede llegar a justificar —equivocadamente— la eutanasia de pacientes con daño neurológico.
Aún cuando es evidente que existe una relación entre la magnitud de un déficit neurológico y la calidad de vida, esta relación debe ser cuidadosa y prudentemente valorada. Estudios de calidad de vida, tales como los realizados en pacientes con síndrome del cautiverio —aquellos que se comunican con movimientos oculares solamente— muestran resultados que pueden ser impactantes: la percepción de los pacientes de su calidad de vida es mucho mejor que la esperada, y las solicitudes de eutanasia muy infrecuentes183. Esto nos muestra la variabilidad que puede tener este concepto. Elementos tales como el soporte de cuidados paliativos o la presencia de un soporte emocional, pueden modificar significativamente la forma en que se vive una enfermedad y sus secuelas, y deben ser considerados siempre en los casos en que se realiza un juicio de proporcionalidad.
